El gran salto para la Humanidad


A 45 años de la llegada del Hombre a la Luna, revive la cobertura paso a paso que EL UNIVERSAL realizó para sus lectores aquel 1969

Xochiketzalli Rosas / CIDAU-Hemeroteca

 

En aquel julio de 1969, mientras que Juan Carlos de Borbón se perfilaba para ocupar el trono vacante en España, la guerra de Vietnam no veía el fin; y la prensa tapizaba sus planas con toda la información relacionada con la conquista de la Luna, incluida la rivalidad de Estados Unidos y la extinta Unión Soviética en la carrera espacial.
Por eso, ese 16 de julio de 1969, que ahora es inolvidable, el despertador de los astronautas Neil A. Armstrong, Michael Collins y Edwin E. Aldrin sonó a las 4:30 de la mañana, cinco horas antes del lanzamiento del viaje a la Luna. Tomaron un suculento desayuno, luego tuvieron un examen físico y se colocaron sus trajes espaciales. En cuestión de minutos se vieron de frente con el Apolo 11 impulsado por el cohete Saturno V, EL UNIVERSAL publicó etapa por etapa.

Se anunció el arranque de los motores. Llamaradas blancas y anaranjadas envolvieron la parte inferior del cohete. El vehículo se elevó rápidamente hacia el firmamento; consumiendo inicialmente combustible a razón de 15 toneladas por segundo. El cohete impulsó a la astronave hasta más de 160 km de altura sobre la Tierra, acelerándola a una velocidad de 28 mil km por hora.

120 minutos después del lanzamiento, la nave fue impulsada hasta situarse en una “trayectoria translunar”, después vinieron tres días de viaje en el desolado vacío del espacio hasta su meta: la Luna, a más de 320 mil km de la Tierra. Al acercarse, la fuerza de gravitación terrestre disminuyó la velocidad de la nave y la Luna, como un imán, atrajo a los visionarios astronautas.

Y descendieron en Selene, uno de los satélites de la Luna, el comandante del Apolo 11, Neil A. Armstrong, y el piloto del Módulo Lunar “Eagle”, Edwin E. Aldrin; entraron en el “Águila” y lo separaron de la nave principal, en la que permaneció Michael Collins, y bajaron a la superficie lunar.

Así en el llamado “mar de la tranquilidad”, Armstrong, aquel 20 de julio de 1969, se convirtió en el primer hombre en la historia que pisaba la superficie de la Luna. Treinta minutos después tocó el turno de Aldrin. Juntos recogieron rocas y otras muestras de materia lunar, tomaron fotografías, colocaron tres aparatos científicos y montaron una cámara de televisión para hacer transmisiones directas a la Tierra.

Todo el mundo miró a través de sus televisores aquellas pisadas, la colocación de la bandera estadounidense en el satélite lunar, y la frase de Armstrong que aún retumba: “Un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la Humanidad”.

Ese mismo día, EL UNIVERSAL, se convirtió en el primero en dar a conocer, en forma impresa, por medio de una edición extraordinaria, el descenso de la nave “Águila” sobre la superficie de la Luna.

Después de tres horas de trabajo, los astronautas regresaron al Módulo Lunar, descansaron un momento y se lanzaron al encuentro con la nave principal. Una vez todos juntos, la reactivación del motor principal sacó a la astronave de la órbita lunar y los impulsó hacia la Tierra.

De regreso al planeta, un helicóptero recogió del agua a la astronave que amerizó en el Océano Pacifico y la llevó a un buque de rescate. Pero ahí no hubo apretones de manos; los astronautas entraron en un compartimiento cerrado que fue inmediatamente sellado y enviado en avión al Centro de Astronaves Tripuladas de Houston, Texas. Allí permanecieron durante más de dos semanas hasta que los científicos se cercioraron que los vaqueros del espacio no traían consigo organismos peligrosos de la Luna que pudieran producir enfermedades.

Veintiún días pasaron para que fueran librados de la cuarentena. Mientras, el mundo celebraba su hazaña, soñaba con la conquista del Planeta Rojo y el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, les ofreció una comida a la que asistieron 3 mil 500 celebridades; ellos regresaron a su vida normal sólo con el recuerdo de aquel viaje que perdurará mientras exista la humanidad.

Cómo era el Apolo11
Altura: 109 metros
Peso: 3, 100 toneladas
Quiénes participaron en el lanzamiento: 400 mil personas y 200 mil compañías
Costo: 24 mil millones de dólares
Para su vuelo requirió 4 millones de litros de oxígeno e hidrógeno líquidos para alimentar sus 5 motores con empuje de 675 mil kilogramos cada uno.

*Pie de Fotografía

Neil Armstrong cuando era joven con su traje de vuelo