¡Paren prensas, el Güero Téllez trae la nota!


La madrugada del 29 de octubre de 1958 nuestro reportero de policía acudió a los talleres de EL UNIVERSAL para sustituir una nota por la exclusiva del “Gambusino” un hombre que asesinó a dos turistas norteamericanas

Por Perla Miranda/CIDAU Hemeroteca de EL UNIVERSAL
perla.miranda@eluniversal.com.mx

Sus inicios

Originario de Yautepec, Morelos, Eduardo Téllez nació el 26 de marzo de 1908, fue hijo de Óscar Téllez y Carlota Vargas de Téllez, cuando apenas tenía dos meses de nacido, llegó a la capital de México, pues su padre, abogado de profesión instaló su despacho en un edificio sobre la calle de Donceles, cerca de la entonces Cámara de Diputados.

Antes de ser periodista, Eduardo Téllez fue campeón de baile en el legendario Salón México, incluso recibía hasta diez pesos por cada lección que daba sobre cómo bailar tango o danzón, también fue aficionado de los deportes y las corridas de toros, en 1927, alentado por un profesor de primaria, jugó profesionalmente el béisbol, lanzador con los equipos de la Procuraduría General de la República, Chiclets Adams y el Colegio Williams. En 1930 dejó a un lado los deportes y la carrera de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), así lo narra José Ramón Garmabella en su libro El Güero Téllez ¡Reportero de policía!

Sí, el Güero Téllez tuvo alguna duda de dedicarse al periodismo pero se disipó cuando su hermano Armando, quien fuera editorialista en Excélsior, fue fusilado en el Ajusco luego de publicar un artículo en el que criticaba la persecución que sufría la comunidad católica y al acudir al sepelio supo que debía ser periodista.

Téllez

Inició como reportero de deportes en La Época, ya como reportero de policía ingresó a La Palabra, le siguió El instante, posteriormente La Noche, siguió su camino en La noticia, luego de tres años el ingeniero Félix Fulgencio Palavicini, quien había fundado El Día lo invitó a unirse a su equipo de trabajo, como el diario no duró más que nueve meses se integró a Novedades, diario que abandonó a consecuencia de una huelga, entonces llegó a EL UNIVERSAL para publicar sus crónicas por más de treinta años.

Las historias de El Güero Téllez vistieron las primeras planas del Gran Diario de México conmoviendo o impactando a los lectores, así el 28 de julio de 1957, Téllez dio cuenta del terremoto que sacudió a la Ciudad de México, que no sólo dejó alrededor de ochenta muertos y edificios derrumbados, sino que también hizo caer al Ángel de la Independencia de su pedestal en pleno Reforma.

Los entretelones de la muerte

En el año de 1949 aún en la Época del Cine Mexicano, Blanca Estela Pavón, actriz originaria de Minatitlán, Veracruz, encontró el estrellato, gracias a su interpretación de la entrañable Chorreada en las películas Nosotros los pobres y Ustedes los ricos a lado de Pedro Infante. El 26 de septiembre de aquel fatídico año, el avión donde viajaba la actriz se extravió, en el mismo vuelo viajaba también el político Gabriel Ramos Millán, Luis Bouchot redactor de El Nacional y el fotógrafo Francisco Mayo. La aeronave despegó de Tapachula hacia la Ciudad de México con una escala intermedia en Oaxaca. El 27 de septiembre EL UNIVERSAL dio a conocer que el avión se había estrellado cerca de la cima del Popocatépetl y que no había sobrevivientes. El Güero Téllez asistió al rescate de los cadáveres que quedaron regados en la falda del volcán, Jorge Arriaga, el artista que al lado de Blanca Estela Pavón personificará el papel del tuerto que mató al “torito”, fue uno de los que identificó lo que quedó de su compañera.

Seis años después de esta tragedia, el 10 de marzo de 1955, la fatalidad quiso que Eduardo Téllez acudiera a la casa número 83 de la calle de Kepler, Colonia Nueva Anzures pues la artista de cine Miroslava Stern se suicidó. “El cuerpo de Miroslava yacía sobre la cama, vestido con una negligé blanca y una bata color fresa. Permanecía en decúbito dorsal derecho, recargada la cabeza sobre la mano del mismo lado y en la que estaba un retrato de Luis Miguel Dominguín, una anciana y la ahora extinta. En la mano izquierda tres cartas con sobres de correo aéreo”, así la pluma de Téllez narró para EL UNIVERSAL la muerte de la estrella checoslovaca.

Sin embargo, la muerte no dejó de rondar las páginas del Gran Diario de México, la noche del 26 de mayo de 1960 el actor Ramón Gay fue asesinado por el ex esposo de Evangelina Elizondo, el drama se incubó en los celos del ingeniero José Luis Paganoni, el despecho fue el protagonista en esta tragedia que conmovió a todo el medio artístico y al mismo Téllez que cubrió el hecho.

La aprehensión de un asesino

A fines de agosto y mediados de septiembre de 1958 EL UNIVERSAL dio a conocer a sus lectores la noticia de los crímenes de las norteamericanas Harriet Ann Hicks y Anila Karry haciendo notar que el asesino las había intoxicado para impedir defensa alguna y así poder robar sus pertenencias para después dejarlas abandonadas a una de ellas en la carretera de Puebla y a la otra en la de Toluca, donde fueron recogidas aún con vida pero perdieron la vida más tarde. Gracias a un retrato del asesino publicado oportunamente en EL UNIVERSAL otras diecinueve turistas identificaron a su violador y asaltante.

La madrugada del 29 de octubre El Güero Téllez salió del periódico al Hotel del Prado para cenar y cuando se disponía a descansar Felipe Padilla, un policía bancario lo invitó al centro nocturno del hotel prometiéndole una exclusiva, al llegar al bar se les unió otro policía y detuvieron a Richard Thompson alias “El Gambusino”, extasiado Téllez se dirigió a la redacción de EL UNIVERSAL, para narrar la detención, la edición ya estaba cerrada, así que se fue a los talleres del diario para poder sustituir su nota por la exclusiva que había conseguido aquella noche.

La última y nos vamos…

A finales de los 70´s Eduardo Téllez dejó de ser reportero de policía del Gran Diario de México, entonces cada semana escribía para El GRÁFICO de EL UNIVERSAL historias noveladas bajo el título de Yo lo viví.

El 6 de septiembre de 1991 el Güero Téllez se despidió para siempre de su inseparable máquina de escribir, aquella que le ayudó a plasmar sus historias por más de cincuenta años en los que se desempeñó como Reportero de Policía.
* Pie de fotografía

Una de las notas del “Güero” Téllez