¡Viva Cristo Rey! 


Artículos de la Constitución de 1917,  punto de quiebre entre la Iglesia y el Estado, durante el gobierno de Plutarco Elías Calles

Perla Miranda

El 4 de febrero de 1926, el reportero de EL UNIVERSAL, Ignacio Monroy, publicó las declaraciones del arzobispo mexicano, José Mora y del Río, quien rechazaba el anticlericalismo de la Constitución de 1917. Esto provocó la detención del sacerdote.

En una publicación del 27 de enero de ese mismo año, se señalaba que: “El Episcopado, clero y católicos, no reconocemos y combatiremos los artículos 3, 5, 27 y 130 de la Constitución vigente. Este criterio no podemos por ningún motivo variarlo sin hacer traición a nuestra fe y a nuestra religión”.

En junio,  el presidente Plutarco Elías Calles elaboró la “Ley de Tolerancia de Cultos”, para mantener bajo control a la Iglesia. Entre sus normas prevalecía  la clausura de escuelas religiosas, la expulsión de sacerdotes extranjeros. También exigía un límite de un sacerdote por cada seis mil habitantes, los cuales debían registrarse ante el Congreso de la Unión, en donde les expedían una licencia para ejercer el ministerio sacerdotal. Además, se reformó el Código Penal para establecer condenas por el incumplimiento de alguna de las nuevas leyes.

La “Ley Calles”

Como consecuencia, el 24 de julio de 1926,   los obispos pidieron la suspensión del culto religioso a partir del 31 de ese mismo mes, cuando entraba en vigor la llamada “Ley Calles” y aseguraban que no existían garantías para ejercer su ministerio.

EL UNIVERSAL dio a conocer que la Secretaría de Gobernación había emitido una circular a todos los gobernadores en donde señalaba que: “Por acuerdo del C. Presidente, recomiendo a usted haga saber a los Presidentes Municipales de ese estado, que en aquellos templos en que hubiera sido suspendido el culto por los sacerdotes, no podrán éstos volver a ejercerlo ni permanecer en ellos sin que se cumpla previamente el trámite de la Fracción XI, del artículo 180 constitucional en la forma, que este precepto establece”.

En octubre de 1926, en el estado de Tabasco se prohibió el culto católico. En otros estados  del país, en las entidades  como Chiapas, Jalisco, Hidalgo y Colima se castigaba a quien practicara la religión, lo que provocó el gran enojo,  tanto de fieles como de las órdenes sacerdotales.

EL UNIVERSAL con estricto seguimiento al conflicto

El 12 de enero de 1927, este diario publicó que por órdenes del presidente Plutarco Elías Calles se había entregado un informe que daba cuenta de que elementos católicos habían sido inducidos por el Episcopado Mexicano a rebelarse contra el gobierno al grito de “Viva Cristo Rey” lo que  dio inicio a lo que conocemos hoy como La Guerra Cristera, con la toma de armas de los religiosos y la persecución de éstos a manos del Estado mexicano.

El 4 de febrero de 1927, el Gran Diario de México dio a conocer, en exclusiva, que se había descubierto un complot en la ciudad de Puebla en contra del Gobierno de la República.

El licenciado Julián Arreola declaró ser culpable de haber mandado fondos y pertrechos de guerra a los rebeldes, y el señor Niño de Rivera también confesó su culpabilidad en el delito de rebelión, por lo que ambos fueron fusilados después de ser sometidos a  un juicio sumario.

En mayo, en la primera plana se precisó que “El estado de Guanajuato ha quedado completamente libre de bandoleros clericales. El ex general Rodolfo Gallegos huyó de la persecución de las fuerzas federales que seguían su pista. Gracias a la activa persecución que, tanto el C. General J. Amarillas, jefe de las operaciones militares en el estado, como el general de brigada, S. Cedillo, jefe de las operaciones militares en San Luis Potosí, operando en Guanajuato, todos los núcleos clericales que merodean la entidad habían quedado destrozados”.

Dos años y 10 meses de revueltas laceraron la paz del país;  sin embargo, el 4 de junio el diario  informaba: “Murió el jefe de la rebelión en Jalisco”.

Término del conflicto

El 22 de junio de 1929, el conflicto religioso había terminado. El presidente Emilio Portes Gil llegó a un acuerdo con la Iglesia. Días después abrieron los templos clausurados.